Me presento, me llamo Fernanda y soy la autora de todos estos escritos. Procederé a explicar de donde salen. Simplemente de las situaciones "amorosa", en las que salgo muy dañada, esas son algunas, otras son cuestionamientos y otras simplemente producidas por mi mente.
Mi apología, sugió de una injusticia que aún siento presente, pero que en ese momento explotó. La injusticia de sentirse solo, de arriesgarse a amar y no recibir más que problemas.
Torre de Babel, este nació por la profe Moira (profe de lengua castellana) nos invitó a un concurso de la U Andrés Bello. El tema era libre y quise escribir algo que fuese diferente, no el típico amorío heterosexual, además tuve dos muzas inspiradoras, que sin querer coincidían con los nombres.
Larga agonía, debo reconocer que este lo escribí hace un tiempo. Me inspire en un hermoso ángel terrestre, este fue antes de mi hermosa ninfa.
Amor, a mí parecer tiene un parecido a las rimas de Gustavo Adolfo Bécquer, poeta que adoro con toda el alma.
Bueno eso, solo quería explicar un poco como nacen estos poemas, escritos o lo que sean...
Me despido...
viernes, 27 de julio de 2007
Autora
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martes, 24 de julio de 2007
Amor
En un oscuro y profundo bosque
Medité
Y pensé
Que quizás el amor
Están solo un reír imaginario,
Que hace socar
Dolorosas lágrimas de sangre,
Que solo desgarra
Perdidas almas en melancolía-
Sin duda aún
Lloran las voces en la lejanía-.
¡El amor! ¡El amor!
¿Y que podré deciros al respecto?
Cuya rosa deseosa
Jamás habéis tocado;
Dulces labios castos,
Que jamás habéis besado,
Ojos verdes
Que jamás habéis mirado.
¿Y que es el amor?- reflexioné-
¿Acaso me lo enseñaréis vos?
Publicado por Dark Butterfly en 17:31 3 comentarios
Larga Agonía
En cada momento del día y de la noche le pienso, y al imaginar su silueta hace que mi cuerpo se estremezca. Siento un gran éxtasis revoloteando mi corazón, aprisionándolo hacia una figura vilmente angelical.
No sé que sentir. A veces siento pasión, amor y desesperación, todo a la vez. ¡Ay de mí! Mi Señor ya no me tiene misericordia, me deja a la merced de este mundo cruel.
Sus ojos cristalinos me hacen pensar que él también siente algo por este ser mortal, pero la certeza no parece estar de mi lado.
Sus ojos, ese par de gemas relucientes, sus cabellos dorados, suaves y delicados, su cuerpo estilizado y su andar distinguido. Un ángel en la tierra, un ángel cercano a mi mal. ¿Quizá el pueda purificar mi alma y traerla a la vida?
Publicado por Dark Butterfly en 17:20 2 comentarios
sábado, 21 de julio de 2007
Torre de Babel
Hace días que nadie, de los compañeros de la universidad, sabía en dónde se encontraban. Me sentía confundida, además de mí, nadie parecía interesado por sus ausencias. En las siguientes clases, no podía dejar de pensar en aquella relación ¿Qué consecuencias tuvo todo eso? y no dejo de pensar que ante mis ojos haya florecido aquella amistad tan extraña, aquel amor tan disímil, pero tan semejante a la vez.
Por aquellos días me encontraba caminando, por uno de los largos pasillos de la universidad. Fue en ese instante en que la vi; una mujer de facciones finas, cabellos cortos y oscuros, de piel blanca y de estatura media. Paulina, así creo que se llamaba, estaba sentada en una de las escaleras. Quise acercarme, pero noté que estaba un poco esquiva. Así fue que solamente pasé por su lado totalmente indiferente. No obstante me sentí culpable y volví acercarme, pero ya estaba acompañada por Daniela: una mujer de estatura alta, de cabellos claros, de ojos grises y de una nariz muy pronunciada. Al parecer, eran buenas amigas, así que decidí dejarlas solas.
Pasaron algunas semanas, estudiaba para un examen. Ahí volví a verlas, dejé de concentrarme, se secreteaban y sentí curiosidad por saber de qué hablaban (aún no entiendo el porqué, quizá el destino conspiraba), mas se esfumaron, me levanté raudamente y sigilosamente las busqué. Hasta que las vi, dentro de un aula y me detuve. Daniela estaba mirando hacia la ventana de la calle, Paulina quiso acercarse a ella, pero se arrepintió. Solo pude escuchar una parte de la conversación— Pero, Paulina, me siento confundida— susurró, mientras veía pasar el viento— ¿Cómo crees que me siento yo?— inquirió Paulina— para ninguna es fácil esta situación— prosiguió— aún así debemos tomar una decisión. Hubo una taciturna elipsis, en donde, delicadamente acariciaron sus manos y rozaron sus labios tímidamente, se sonrojaron al separarse y anhelaron poder unir de nuevo su pacto con un beso. ¿Quién era yo para interrumpir aquel momento mágico? No era nadie, simplemente me retiré y enmudecí totalmente, tal vez pensando en lo que habían contemplado mis pupilas; porque sea como fuese ya estaba involucrada.
Desde aquel instante se me aparecieron como fantasmas amorosos, que me perturbaban al verlos, pero, que sin embargo, me alegraban por el solo hecho de verlos amarse.
En un parque vacío las vi sentadas; en verde pasto de primavera, con las flores abriendo sus capullos y liberando un delicioso aroma. Sellaban sus encantadoras caricias con el tacto de sus pieles delicadas. En verdad había amor. Lástima que la vida sea tan reglamentaria, ya que la sociedad no mira con buenos ojos estas clases de conductas, poco frecuentes en la realidad de burbuja en la que vivimos.
***
Nos encontrábamos en nuestro lugar. Necesitábamos un momento de soledad, de silencio. Nuestro mundo comenzaba a moverse ligeramente. — Paulina…— susurró suavemente mi nombre— ¿Eres feliz conmigo?— preguntó mirándome con sus inquietantes ojos— Claro que sí— contesté tomando su mano entre las mías— Es que últimamente te he visto algo triste, ¿pasa algo?— habló fijando su mirada— Lo siento, no tendrías por qué preocuparte por mí. Solo que no puedo evitarlo…— dije mientras miraba el techo— ¿Evitar qué?— inquirió— Este sentimiento no es correcto. A veces me preguntó si seré culpable de todo esto— respondí sin despegar mis ojos del techo— Paulina, sentir amor es maravilloso. Yo te quiero y no siento culpa por quererte. No te sientas culpable, disfruta de la vida. Porque el amor es signo de vida— al decirlo se sonrió y chasconeó mi cabello para alegrarme. Me hizo recordar la primera vez en que la había visto, siempre con esa cautivadora sonrisa; que fue la luz en las tinieblas, la primavera en el invierno. Quisiera demostrar todo mi afecto, pero mi voz se enmudece cuando “un te quiero” deseo decir, solo espero que perdone a este ser tan ambiguo e inseguro.
Decidí invitarla a comer. Hoy día será una gran noche, hoy me atreveré a decir: ¡Te quiero! sin duda alguna esta será una grandiosa cena.
Daniela estaba hermosa y radiante. La llevé al restaurante, comimos bien, reímos y hablamos mucho. Después caminamos hacia la costanera. La noche estaba espléndida, la luna llena brillaba con fulgor, mientras los jóvenes palpitares enlazaban sus manos y acariciaban sus labios. — ¡Sentémonos en esa banca!— gritó emocionada, tomando mi mano, entretanto ella corría con desesperación— Hay algo que deseo decirte— dije ya sentadas en la banca— Antes que digas algo, abrázame, deseo ver las hermosas estrellas contigo—. Obedecí y la abracé. Observamos el resplandeciente firmamento y hasta logramos divisar una estrella fugaz. Pero habría algo que eclipsaría nuestra felicidad. Estábamos sonriendo y a punto de besarnos, hasta que un hombre nos interrumpió. Me tomó bruscamente y amenazándome con una cuchilla, me obligó a entregarle todo objeto de valor que poseyera. Daniela se levantó de la banca y desesperadamente gritaba por ayuda, pero nadie acudía a su socorro. Fue entonces que ella decidió enfrentarlo. En ese momento no sabía qué pensar. De repente Daniela comenzó a expeler sangre de su boca, el ladrón comenzó a correr, vi que ella se caía y tomaba con sus manos una herida ensangrentada. Caminé vertiginosamente hacia ella, la sostuve entre mis brazos, sentí miedo, y la aferré contra mi pecho— Daniela, espérame, yo voy ha llamar a la ambulancia— le susurré, mientras llamaba por mi teléfono celular— Paulina… te… amo…— musitó entre palabras cortadas, era la primera vez que me decía te amo— ¡Daniela, te quiero, te amo, te necesito a mi lado!— exclamé exasperadamente, mientras acariciaba sus facciones. Me acerqué a sus labios y los besé. Al volver a ver su rostro noté que se había palidecido y palpé su pecho. Su corazón había dejado de ser.
Gotas saladas resbalaban por sus caras, llenas de melancolía y sufrimiento. Las abatidas personas dejaban rosas escarlatas sobre el ataúd en donde se hallaba aquel cuerpo sin vida, aquel cuerpo, cuya esencia ya no estaba. Paulina miraba desde lejos, escondida detrás de los pinos ovalados del cementerio. Su mirada había cambiado y una nube espesa se veía detrás de sus pupilas; lágrimas no caían, solo su alma se fragmentaba, mientras sostenía en sus manos un descolorido lirio. La angustia se inhalaba.
La gente se había marchado. En ese momento Paulina se pudo acercar al sepulcro. Quedó helada, cuando por su cabeza pasaron todos los recuerdos, que por tantos años se habían acumulado en su mente; se arrodilló y comenzó a sollozar descontroladamente. Quizá pensaba, en que nunca volvería a verle, por lo menos en esta vida no. Quizá lloraba porque la sociedad había matado lo que más quería, solo por no aceptar su amor.
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martes, 17 de julio de 2007
Mi apología
Ni el deseo de la estrella puedo cumplir mi incandescente anhelo. ¿Por qué me miras así? ¿Es que acaso nunca has sentido que la vida se va en el dolor de tu alma oprimida? ¿Por qué me apuntáis con ese dedo dictador? ¿Por qué me juzgáis?
Solo quise ser transparente.
Solo quise amar.
¿Es que acaso vosotros tenéis la llave de los que entran y salen de mi corazón? ¿Por qué mis lágrimas se deslizan tan desgarradoramente? ¿Por qué siento que nada tiene sentido? ¿Es que acaso me muero?
¿Por qué? ¿Por qué?
Porque amé y me repudiaron.
Porque quise aclararme y me eclipsé.
Porque seguí mi corazón, aunque no fuese lo correcto.
Porque me costó aceptar esta nueva persona.
Porque lloré y me renegué.
Porque estoy avergonzada de estar desnuda y maltratada.
Porque me caí al infierno y el cielo se ve lejano.
Porque hasta la música no alegra el corazón que alguna vez amó.
Tú que sentado me miras, toma el poder de tu mano escarlata y matadme. Haz desaparecer esta bruñida ánima y tiradla en lo más profundo de esta tierra.
Tú, él que está en lo alto, termina con este suplicio que me quema.
¡Vosotros sois los necios, los que matan a la rosa para regalársela a una sanguinaria persona!
¡Vosotros decís que sois tolerantes y cuando alguien deja de ser igual lo señaláis!
Vosotros sois los mismos que me miráis con vuestros rostros impasibles, los que me escupen cuando me volteo.
Y es que ni el deseo de la estrella pudo cumplir mi incandescente anhelo de amar...
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